jueves, 26 de marzo de 2020

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MEMORIAS DE UNA CUCHARA




Ahora que soy vieja y sé que dentro de poco no seré más que un cubito de acero, me pongo a recordar aquellos tiempos en los que pertenecí a la vajilla de uno de los grandes restaurantes de Madrid. ¡Aquella vida de lujo, lavada en los mejores lavavajillas y utilizada por los mejores comensales! Hice degustar muchos platos, a cada cual más especial, haciendo disfrutar hasta a los críticos más ariscos.
Éramos una vajilla en armonía, no había rivalidades entre cucharas y tenedores, incluso los platos no protestaban cuando los arañábamos. Pero todo esto fue decayendo al perder el restaurante su prestigio. Echaron a la mayoría de los cubiertos, algunos consiguieron otro trabajo; otras como yo estamos esperando en un puente de reciclado para convertirnos en, ¡a saber qué!

MARTA MARTÍNEZ PALLARÉS, 3ºA

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